sábado, 24 de noviembre de 2012

Camino hacia...

Las horas descansaban en la penumbra de la noche: el silencio infartado de aquella voz atrapada estremeció a Lucia.

 Ésa voz... fría... sólida auscultaba el auxilio que yacía sepultado en su mente.

Su cuerpo paralizado se activó y corrió como nunca antes lo había hecho, sus labios titilaban  y, ante ella aparecía una enorme masa muscular que gesticulaba triunfo y altivez. Al mismo tiempo, las incesantes voces frías recorrían cada milímetro de su cristalina piel. 
Congelada de miedo su pequeña y sumisa figura expresaba la imagen de un conejito asustado.

De aquella noche espesa y helada, surgió de la boca de la estatua del ángel caído, un humo violeta que conjuraba  intenciones...Aquél  humo putrefacto penetraba cada poro de su piel cristalina, húmeda y salada, sus pupilas se dilataban y unas gotas de saliva en la comisura de sus labios anunciaban el miedo irreversible de la muerte, a través de la noche silenciosa, eterna y aguda. 

De pronto, una frecuencia radial danzaba en su consciencia y el tiempo se hizo presente: Lucía  había llegado a su destino.