Desde la voz del eco de una mujer doméstica y primitiva proviene una brisa seca y vaporosa que entorpece la sequedad de su voz.
Así, vanamente anuncia una propuesta, una explicación, una queja, un te amo; palabras con contenido árido que diseca a sus allegados con sus insoportables manías.
De allí, que su palabra quede suspendida en el vacío de un silencio eterno.
Así, que se pregunta: ¿De dónde proviene aquél silencio eterno?
Quizás, del auto-cuestionamiento perenne, de las amonestaciones éticas o familiares?
Nunca lo sabrá.
A menos, que las huellas del tiempo evidencien algo.
Mientras tanto, reverdece el eco de la voz de aquélla mujer en el silencio eterno, que nutre su consciencia de voces masculinas-femeninas, híbridas sometiéndola a la voz del no ser.
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